¿Por qué cada vez respiramos peor?
Sedentarismo, estrés, alimentación ultraprocesada y entornos artificiales están cambiando cómo respiramos. Descubre las causas y las consecuencias.
Respiramos como vivimos… y vivimos como respiramos
Un bebé respira de forma silenciosa, por la nariz y utilizando el diafragma.
Sin embargo, muchos adultos respiran deprisa, por la boca y utilizando sobre todo la parte superior del pecho.
¿Qué ocurre entre esos dos momentos de la vida?
La respuesta probablemente no esté en los pulmones.
Está en la forma en la que vivimos.
Porque respiramos como vivimos… y vivimos como respiramos.
Nuestra biología apenas ha cambiado. Nuestra forma de vivir sí
Durante miles de años, el ser humano evolucionó en un entorno muy diferente al actual.
Nuestra biología apenas ha cambiado desde entonces.
Sin embargo, en apenas unas décadas hemos transformado profundamente nuestra forma de vivir.
Nos movemos menos, dormimos peor, pasamos más tiempo sentados, recibimos menos luz natural, permanecemos gran parte del día en espacios cerrados y vivimos expuestos a una cantidad de información, notificaciones y estímulos sensoriales sin precedentes.
Nuestro entorno ha cambiado mucho más rápido que nuestra capacidad para adaptarnos a él.
Un organismo diseñado para adaptarse
Nuestro organismo lleva millones de años perfeccionando una extraordinaria capacidad: adaptarse para mantener el equilibrio interno, un proceso conocido como homeostasis.
La frecuencia cardíaca, la presión arterial, la temperatura corporal, las hormonas y la respiración forman parte de ese delicado equilibrio.
La respiración no intenta mover más aire del necesario.
Intenta mover el aire que el organismo necesita en cada momento.
¿También hemos normalizado respirar de más?
Hace apenas unas décadas era frecuente encontrar referencias que describían una respiración tranquila en reposo alrededor de 6 a 12 respiraciones por minuto.
En la actualidad, la mayoría de las guías clínicas consideran normal una frecuencia respiratoria de entre 12 y 20 respiraciones por minuto en adultos en reposo.
Más allá de los números, surge una pregunta.
¿Hemos normalizado un organismo que vive permanentemente más deprisa?
Conviene recordar una idea importante.
Que un valor se encuentre dentro del rango de normalidad no significa necesariamente que represente el funcionamiento más eficiente para cada persona.
La fisiología no busca el exceso.
Busca el equilibrio.
La naturaleza rara vez trabaja desde el exceso. Su objetivo no es hacer más, sino hacer lo necesario para mantener el equilibrio.
Nuestro organismo no intenta mantener la mayor frecuencia cardíaca, la mayor presión arterial o la mayor concentración de cortisol.
Busca responder de forma eficiente a las necesidades de cada momento.
La respiración no es una excepción.
Respirar mejor no consiste en respirar más. Consiste en respirar lo suficiente.
La respiración es uno de los reflejos más fieles de cómo vivimos
El estrés, la falta de descanso, el sedentarismo, la respiración por la boca o el exceso de estímulos modifican progresivamente nuestra forma de respirar.
Con el tiempo, muchas personas desarrollan un patrón respiratorio más rápido, más superficial y menos eficiente sin llegar a ser conscientes de ello.
Y ese patrón termina influyendo sobre el descanso, la capacidad de recuperación, la concentración, el rendimiento físico y mental y el bienestar.
La respiración deja de ser solo un reflejo de cómo vivimos.
También empieza a influir en cómo vivimos.
La buena noticia
La adaptación funciona en ambos sentidos.
Igual que adquirimos hábitos que modifican nuestra forma de respirar, también podemos recuperar patrones más funcionales cuando cambiamos nuestro estilo de vida.
No se trata de volver al pasado.
Se trata de comprender mejor nuestra biología para ayudar al organismo a recuperar el equilibrio.
Cada pequeño cambio en nuestros hábitos es también una oportunidad para respirar de una forma más acorde con nuestra fisiología.
Ideas clave
-
Nuestra biología apenas ha cambiado, pero nuestra forma de vivir sí.
-
El organismo mantiene constantemente la homeostasis adaptándose al entorno.
-
El estilo de vida moderno condiciona nuestra forma de respirar.
-
Que un hábito sea frecuente no significa que sea el más eficiente desde el punto de vista fisiológico.
-
La respiración no busca el exceso; busca responder de forma suficiente a las necesidades del organismo.
-
Mejorar la respiración también implica revisar los hábitos que la condicionan.
Una idea para recordar
Respiramos como vivimos… y vivimos como respiramos.
Comprender cómo vivimos es, muchas veces, el primer paso para comprender cómo respiramos.
Y comprender cómo respiramos puede ayudarnos a recuperar el equilibrio que nuestra fisiología lleva millones de años intentando conservar.
¿Te ha resultado útil esta guía?
Nuestros programas formativos aplican esta ciencia en entornos laborales y educativos.
Solicitar información