Respiración y desarrollo infantil
Los patrones respiratorios se forman en la infancia. Descubre cómo la respiración bucal, el sueño y el entorno afectan al desarrollo del niño.
La respiración también construye
¿Cuándo aprendemos a respirar?
Todos nacemos sabiendo respirar.
Del mismo modo que nadie enseña a un bebé a latir o a digerir, tampoco necesita que le enseñen a respirar. Esa función ya forma parte de nuestra biología y su respiración suele ser tranquila y silenciosa.
Sin embargo, ese patrón puede cambiar con el paso de los años.
Obstrucciones nasales repetidas, alergias, determinados hábitos orales, alteraciones del desarrollo o el propio entorno pueden modificar la forma en que respiramos.
Respirar bien no siempre consiste en aprender algo nuevo. Muchas veces consiste en recuperar una función que el organismo ya conocía.
Los niños aprenden observando
Los niños no solo aprenden lo que les enseñamos. También aprenden lo que ven cada día.
La respiración no es una excepción.
Si en casa es habitual respirar por la boca, dormir con la boca abierta o jadear al mínimo esfuerzo, es más probable que esos patrones también se normalicen para ellos.
Los hábitos cotidianos también educan la respiración.
Respirar bien también puede desaprenderse
Respirar es un acto automático, pero la forma de hacerlo puede cambiar con el tiempo.
Cuanto antes se detecte un patrón respiratorio poco funcional, más fácil suele ser corregirlo.
Durante la infancia, ese patrón lleva menos tiempo instaurado y el organismo todavía se encuentra en pleno desarrollo, lo que facilita recuperar una respiración más funcional.
Como ocurre con muchos hábitos, resulta más sencillo modificarlos al principio que después de décadas repitiéndolos.
La boca es un excelente plan B. El problema aparece cuando se convierte en el plan A.
La respiración por la boca es una respuesta necesaria en determinadas situaciones, como una congestión nasal intensa o durante algunos esfuerzos físicos.
Lo que debería ser una solución temporal no debería convertirse en un hábito permanente.
En la infancia, la respiración bucal mantenida se ha relacionado con alteraciones del desarrollo craneofacial, problemas de oclusión dental, cambios en la postura de la lengua, ronquidos, trastornos respiratorios del sueño y un descanso de peor calidad.
Dormir también ayuda a construir el rostro
Durante la infancia, los huesos de la cara continúan desarrollándose.
La posición de la lengua, la respiración nasal y el equilibrio de la musculatura facial influyen en ese proceso.
El crecimiento no depende únicamente de la genética. También depende de la función.
Respirar, masticar, tragar, dormir y moverse participan en el desarrollo normal del organismo.
La lengua también desempeña un papel fundamental. En reposo, debería descansar apoyada suavemente contra el paladar, con la punta situada justo detrás de los incisivos superiores, sin presionar los dientes.
Esta posición favorece el desarrollo fisiológico del maxilar superior, contribuye al equilibrio de la musculatura orofacial y facilita una respiración predominantemente nasal.
Cuando la lengua permanece baja durante gran parte del día, como ocurre con frecuencia en la respiración bucal mantenida, ese estímulo natural sobre el paladar disminuye y el desarrollo de estas estructuras puede verse condicionado.
Por este motivo, una respiración nasal funcional favorece un desarrollo más fisiológico de las estructuras orofaciales.
La lengua no solo sirve para hablar o saborear los alimentos. También ayuda a dar forma al lugar por donde respiramos.
Los niños no solo crecen mientras duermen. También crecen mientras respiran.
Respirar también influye en el aprendizaje
Dormir bien es imprescindible para que el cerebro aprenda, consolide la memoria y se recupere.
Un cerebro que no descansa bien tampoco aprende igual.
Cuando un niño presenta una respiración bucal mantenida o un trastorno respiratorio del sueño, es más probable que su descanso sea menos reparador.
Algunos niños pueden presentar dificultades de atención, impulsividad, irritabilidad, somnolencia o un menor rendimiento escolar, síntomas que en ocasiones pueden confundirse con otros problemas si no se investiga cómo están respirando.
Por eso, observar la respiración de un niño también es una forma de cuidar su aprendizaje.
Detectar a tiempo puede cambiar una vida
La respiración acompaña a los niños las veinticuatro horas del día.
Padres, madres, docentes y profesionales sanitarios desempeñan un papel fundamental observando señales como la respiración por la boca, los ronquidos, el sueño inquieto, la boca abierta durante el día o la dificultad para mantener la respiración nasal.
Detectar una respiración poco funcional no significa buscar problemas donde no los hay. Significa observar a tiempo algo que puede corregirse.
Ideas clave
• Todos nacemos con un patrón respiratorio funcional que puede modificarse con el tiempo.
• Los niños también aprenden a respirar observando su entorno.
• Cuanto antes se detecte un patrón respiratorio poco funcional, más fácil suele ser corregirlo.
• La respiración bucal mantenida no debería considerarse normal durante la infancia.
• La lengua debería descansar en el paladar durante el reposo, favoreciendo el desarrollo fisiológico del maxilar superior y una respiración nasal.
• La respiración influye en el desarrollo craneofacial, el descanso y el aprendizaje.
En resumen
La infancia es el mejor momento para construir una respiración funcional.
La respiración influye en el descanso, el desarrollo del rostro, el aprendizaje y la salud futura.
Cuanto antes se detecte un patrón respiratorio poco funcional, mayores serán las posibilidades de corregirlo.
Porque los hábitos que construimos durante la infancia también construyen al adulto que llegaremos a ser.
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